22 junio, 2008

Pluralidad y diversidad versus pluralismo

El pluralismo definido como el mecanismo que asegura cierta pluralidad en los medios de comunicación es un pilar básico de las sociedades democráticas, aunque no deje de ser un criterio abstracto de cuánto debe de ser el panorama comunicativo en realidad. La pluralidad como tal se puede analizar asumiendo como puntos de partida tres ámbitos diferentes. El del mercado, lugar donde se encuentran las diferentes ofertas comunicativas, el de los contenidos, programas, productos, que se ofrecen a los consumidores de un medio y el de la estructura. Estructura interna y externa plural que refleje las diversas sensibilidades. Hacer este tipo de matices resulta esencial pues según el marco en el que nos situemos deberemos de asumir unos u otros criterios para solucionar los posibles problemas que se puedan generar.

En 1988 la ley española sentaba precedentes fijando la necesidad de que la televisión privada se desarrollase en el país sin atentar a las posibilidades del pluralismo en la información. Ya entonces, en medio del proceso jurídico que regularía la televisión privada en España, el derecho a la información aparecía amparado por la Constitución de 1978 (art. 20) que hablaba del derecho de los ciudadanos a la información veraz y utilizaba el concepto de “diligencia informativa”, responsabilidad del medio o/ y el periodista versus el público.




¿Cómo se regula, controla, el pluralismo en los medios de comunicación? Las trayectorias políticas de los diferentes países de la Unión Europea denotan diferentes visiones ante un mismo proceso. En una balanza de pesos, hay quien prefiere apostar por la libertad de información y de comunicación y ahí, también, quien deja al mercado que actúe por si mismo. Esta última es la estrategia asumida por la Unión Europea. Dejar al mercado la responsabilidad de definir la pluralidad en los medios supone, ya de antemano, ciertos problemas y es que el único criterio aquí válido es el de las leyes de la oferta y la demanda. Todo matiz cualitativo carece de sentido ante la ley del más fuerte. Por lo que ésta es una opción que facilita la formación de grandes grupos de comunicación y por consiguiente la concentración de determinadas actividades en manos de unos pocos, con las ventajas e inconvenientes que ello puede provocar.


¿Por qué es necesario evitar la concentración? Se considera que la formación de monopolios de la información debilita la calidad final de la información y es que no es lo mismo poder acceder a una única fuente de información que a tres. Una oferta variada posibilita que el usuario actúe, conozca más realidades, cree su propia opinión. El resultado final es mejor. El poder de la información mayor. Este paradigma sin embargo no es perfecto, y cuando analizamos con detalle la compleja estructura mercantil que se esconde tras los medios de comunicación surgen nuevos interrogantes. Puede darse el caso de que estemos viendo por la TV Canal Plus, escuchemos diariamente la Ser y leamos El País y sin embargo, no seamos conscientes de que somos “clientes”, aunque a través de diferentes medios, de una misma empresa: Prisa. ¿Quiere decir eso que estamos ante una estructura plural? Quizás en contenidos sí, puede que los diferentes medios producto de estructuras internas diferentes desarrollen programas diversos, generando ciclos de comunicación distintos. Aunque ésta parece una opción difícil cuando con detalle uno analiza la estructura empresarial de éstos y ve cómo existe un mismo posicionamiento ideológico y una misma “manera de hacer las cosas”. Una única empresa comunicativa con dominio sobre una región y sin competencia desequilibra la balanza a un lado, donde el poder lo tiene la empresa y el ciudadano es un pasivo receptor.


Un potente grupo mediático podría acabar con la competencia de los otros medios existentes y acabar dominando toda la información disponible, lo que podría acabar distorsionando la realidad según el prisma de esa empresa. La situación es diferente cuando nos encontramos ante un mercado con más de un agente. Estos riesgos son los que han llevado a estados como España a fijar límites a la concentración empresarial. Tras el concepto de pluralidad surge también el de competencia. Un mercado competitivo podrá ofrecer mayores posibilidades a los consumidores. Ahora bien, los criterios aquí, no son puramente cuantitativos.

Soluciones prácticas

La pluralidad en los medios es necesaria. Partiendo de esta premisa justificada a partir del derecho del consumidor a recibir información veraz en un mercado, el de la comunicación, diferente a otros dada su capacidad de generar opinión pública y crear noticias, es necesario regular, controlar, la manera en que se agrupan empresas pero también sus contenidos ¿Pero es posible controlar a estas empresas privadas? Es difícil. Es difícil no caer en el abuso de regular en exceso los contenidos que ofrecen las diferentes empresas de comunicación. La libertad de expresión es otro de los principios recogidos en la Constitución. Por el contrario, es fácil caer en el “pasotismo” del “dejar a hacer” a los demás. Por ello, es importante encontrar un equilibrio entre una y otra opción. El pluralismo contemplado en la Constitución a partir de la definición del derecho a la información de los ciudadanos, podría implicar una mayor actuación del Estado. De esta manera, por ejemplo, podría desarrollarse en el seno de todas las empresas lo que en la prensa se conoce como el defensor del lector. Uno de cuyos objetivos primordiales fuera resguardar la pluralidad del medio. Ahora bien, ésta parece una opción difícil de llevar a la práctica, cuando vemos cómo en el contexto sociopolítico actual se tiende más a privatizar que a publificar. ¿Estarían las empresas interesadas en constituir este supuesto consejo que implica cierta regulación? De principio podríamos pensar que no, de hecho la definición misma de sus competencias incluye como seña de su identidad la pluralidad de sus contenidos. El sello distintivo de la empresa llamémosla X. Ahora bien, la realidad a veces es más compleja, así, haciendo un zapping en la televisión, el espectador puede ver cómo una misma noticia, en ocasiones, se trata de maneras muy, muy, diferentes. ¿Noticias sesgadas? Recordemos cómo Cuatro y La Sexta trataron el caso de los derechos del fútbol donde ambas cadenas se veían implicadas en un proceso judicial. La noticia era muy diferente. Escuchando los dos informativos, el espectador tenía la sensación de que ambas empresas ganaban el litigio en el que estaban involucradas ¿Era así? No.
Como conclusión observamos que la pluralidad tal cual hoy la entendemos y según se interpreta sigue limitándose a los medios de comunicación de gestión pública. De esta manera, este tipo de empresas en época electoral se ven obligadas a cumplir con ciertos tiempos para dar noticias sobre partidos políticos según la representación parlamentaria (TV3) La idea de fondo: el derecho a la información. El acceso de los ciudadanos a una información plural. Aunque, esta medida en si, pueda poner en entredicho la confianza de los políticos en los medios de comunicación públicos y en sus profesionales.

La existencia de autoridades independientes como el CAC, en Catalunya u otros organismos que entre otras funciones tienen como objetivo velar por la pluralidad en los medios de comunicación, es una herramienta importante a valorar más allá de los órganos judiciales competentes. Aunque la capacidad de estos organismos carezca de sentido hasta que la sociedad y las empresas de la comunicación reconozcan el valor de estos organismos, cuestión que aún está por ver.

Ante esta situación llegamos a una serie de conclusiones:

1) Que el Parlamento es el único órgano legítimo para regular, definir, los parámetros que definan la concentración empresarial. En el trasfondo el ideal del bien social.

2) Trabajar para la existencia de una mayor pluralidad en los medios requiere de cierta corregulación. De manera que tanto desde la administración como desde el propio sector de la comunicación se asuma como necesario resguardar el pluralismo, principio básico reconocido en la Constitución Española. Resguardar mediante el desarrollo de programas concretos. Antes, el Estado deberá de reconocer que es necesario trabajar más en esta vertiente, las empresas deberán de asumir mayor autocrítica junto a los profesionales de la comunicación y las asociaciones de espectadores deberán de conseguir mayor peso dentro del sistema comunicativo. Algo que hasta ahora parece todo un sueño. Y mientras esto no sea así, la idea de pluralidad en los medios seguirá formando parte del debate político.

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