08 noviembre, 2009

La vergüenza de la fe


No soy religiosa respeto a los que lo son y si venero a alguien es a mis padres quienes me enseñaron a dictar entre el bien y el mal. Lejos de tópicos y frases fáciles que nos hablan en nombre de lo correcto e incorrecto, voy a explicaros el episodio que hace unos meses tuvimos que vivir mi familia y yo con motivo del fallecimiento de Erundina Porto Álvarez, mi abuela. Una señora de fe que a sus 79 años nos dejó, justo en Semana Santa, sin que le pudiéramos decir adiós. Una mujer religiosa, debota del Ecco Homo, santo de Cerdedo (Pontevedra), al que le debía de pedir y rezar con apego.
Mi abuela había pasado parte de su infancia en este pueblo gallego, de ahí sus bonitos recuerdos. Y de aquí la idea de desplazarnos hasta el pueblo para poner un ramo en su nombre al santo una vez fallecida. Para nosotros era una manera de recordar a la abuela. Para mi, una manera desde el sentimiento de hacer cuanto a ella le gustaría.
Una vez en el pueblo, la comitiva familiar que hasta allí nos habíamos desplazado no pudimos entrar a la iglesia. Estaba cerrada por lo que decidimos preguntar por el alcalde, o el cura, ellos tenían llaves. No se porqué la única opción finalmente fue la de ir hasta la casa del párroco. Los vecinos nos indicaron muy amablemente cómo dar con la casa.
La casa estaba justo al lado de la iglesia San xoan. Una vez allí la hermana del párroco abrió la puerta a mi tia y a su hija, se ve que el cura no estaba en ese preciso momento. Ellas le explicaron el motivo por el que desde Ponferrada (algunos desde Ibiza- BCN) nos habíamos desplazado hasta la localidad. Pero ohh sorpresa, la simpática hermana del párroco, de la familia de Dios, no entró en razón y se negó, pasando por alto toda explicación, a darnos las llaves. “No era el momento”. Fue tal su indiscrección que llegó a increpar nuestra intención de poner flores al santo porque nos encontrábamos en Semana Santa. Increible. Parece ser que no era el mejor momento y la fe barata del que no tiene ningún tipo de empatía se atreve a dar lecciones de corrección. Con los sentimientos a flor de piel el tono subió, aunque la conversación no dejó de ser corta, pues minutos después tia y acompañante nos contaban lo sucedido.
Podíamos irnos pero sin el ramo de flores que habíamos comprado. Así que ante una iglesia cerrada, decidimos dejar la ofrenda en la puerta de la casa de Dios con una nota explicativa. La carnicera del pueblo, buena cristiana según algunos miren, se portó genial con nosotros. Estuvimos hablando y gracias a ella, y tambien gracias a la “manera de ser “ de la gente de los pueblos (dábamos el cante de que no eramos vecinos) conseguimos contactar directamente con el cura, quien por teléfono nos comunicó que su hermana “muy amablemente” nos abriría la iglesia. Una servidora fue al encuentro. Y la buena señora de fe se disculpó repetidas veces aludiendo a que no había comprendido cuanto le habían explicado. Evidentemente para ello había que prestar atenciones.
Conseguimos poner el ramo a Ecce Homo e irnos con la conciencia tranquila. No obstante, no voy a negar la pena que me dan los que piensan que no es de buen cristiano poner flores al santo en semana santa, los que en nombre de la Iglesia, sin ejemplo, no escuchan, no viven, no practican aquello de lo que hablan. Vaya, que se me remueve el estómago.

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