En 1950 Akira Kurosawa rodaba Rashomon todo un clásico del cine que plasma muy bien esa constante conspiración de nuestros sentidos, nuestras experiencias, para juzgar hechos. Qué se lo digan a Luis Buñuel en su documental de ‘Las Hurdes, tierra sin pan’ o a W. Eugene Smith en su reportaje fotográfico sobre Deleitosa, la realidad no es siempre lo que parece ser.
En el siglo III a.C Platón incluía en el libro VII de la República una explicación alegórica de la situación en la que se encuentra el hombre respecto al conocimiento. Era el mito de la caverna. En el 2011 el tema es la caverna mediática.
El 15 de mayo Democracia Real Ya que había ido ganado seguidores en las redes sociales en el último mes invitaba a los españoles a salir a la calle y reivindicar una sociedad mejor. Teníamos fresco el libro ‘Indignaos’ de Stéphane Hessel que se había convertido en un best seller y que por entonces había despertado más de una consciencia. Desde mi punto de vista uno más de lo mismo, eso sí ‘ese más de lo mismo’ necesario para refrescar ideas, para regocijarte en tu criterio o para discrepar.
El 15M salimos a la calle y algunos (vivimos en una país con 4 millones de parados) decidieron quedarse en las plazas. Primero fue en la Puerta del Sol pero poco a poco el movimiento se extendió y nacieron diferentes acampadas alrededor del territorio. Acampadabcn es la que me toca.
La Plaza Catalunya fue atrayendo gente. Internet, las redes sociales, nos sirvieron de puente para saber que habían más indignados. De repente el debate fue la dignidad y la plaza se convirtió en un punto de encuentro de frustraciones. Las asambleas ganaron seguidores y los debates sobre la democracia y el sistema político real-ideal ganaron terreno entre los que asistían. Este era el punto de partida ¿Hacia dónde?
La gente joven se encargó de salir a la calle. El movimiento del 15M estaba dirigido por ellos y por primera vez algunos pudimos decir con orgullo que no, no éramos los mismos de Malasaña, los que se manifestaban por el botellón mientras nuestro nuestros vecinos los franceses salían a la calle a reivindicar sus derechos. Las concentraciones a favor del 15M se fueron extendiendo igual que las chinchetas de colores que identificaban los acampados. En una semana los ‘Indignados’ habían conseguido titulares en todo el planeta. Eso sí, no todos estaban contentos con el titular.
27 de mayo, D- Day. El 27 de mayo muchos nos despertamos con la noticia de que los mossos d’esquadra estaban desalojando Plaza Catalunya. Al día siguiente el FC Barcelona jugaba la final de la Champions y existía la necesidad, aseguraba el conseller Felip Puig, de hacer ‘una limpieza por motivos de seguridad pública’. En la plaza había bombonas de butano y en días anteriores, lo corroboro, olía a gas. Podíamos estar de acuerdo o no con la necesidad de la ‘limpieza’, no obstante luego vimos el dispositivo policial.
El operativo nos dejo imágenes de mossos pegando a ‘indignados’ con las manos en alto. El movimiento llamaba a la Paz y a la no violencia. Y eso fue lo que pudimos ver a través de los medios que lo cubrieron. Oh sorpresa, Antena 3 se convirtió la mañana del 27m en el medio de información nacional de los que querían saber qué pasaba en Plaza Catalunya. No obstante, poca información corría por los medios más allá de los formalismos típicos y los opinadores de turno que se apuntan a todo cuánto se mueve. El 27m por la tarde la Plaza Catalunya y alrededores se llenaron de gente en apoyo a la no violencia. Sobrevolaba ya un lema claro: Felip Puig dimissió, al que muchos que hasta entonces no se habían movilizado se apuntaron. La Plaza no era sólo gente joven. La semana pasada Felip Puig comparecía ante una Comissió d’Interior para explicar lo acontecido. El 27m había logrado un cabeza de turco…
Un mes después de la primera manifestación, dos semanas y media después de los sucesos del 27m; y transcurridos unos días desde que los acampados decidieran abandonar la Plaza del Sol en Madrid y de pernoctar en Plaza Catalunya, hoy de nuevo estábamos convocados a salir a la calle.
El 15j. Casualidad. El primer mes en la calle de los indignados se celebraba hoy con el Parlament de Catalunya debatiendo sobre los presupuestos. Como ofensiva los indignados informaban días atrás de su intención de querer paralizar el Pleno. Lo harían con una cadena humana. Las voces de los ‘No nos representan’ de días atrás en defensa de otro tipo de democracia, de la democracia directa, en contra de la corrupción, en pro de la transparencia política, etc. hoy se plasmaban en una noticia bien diferente. Los que antes eran víctimas mediáticas se convertían en verdugos. Y la violencia de algunos vándalos, los de siempre, ensuciaba la imagen del movimiento. En medio, los mismos problemas de comunicación. Los mismos interrogantes de quienes no siguen o han seguido las asambleas de Plaza Catalunya ¿Qué quieren? Y por otro lado, los juicios en torno a la seguridad.
El aniversario nos deja a mi entender dos imágenes igual de deplorables: La de la diputada socialista Montserrat Tura y la del diputado de Convergència i Unió, Josep Maria Llop. Un mal sabor de boca para retroalimentar las conspiraciones de algunos compañeros periodistas que hoy también han sido víctimas del griterío alocado ¿Quién conoce las caras de los 135 diputados del Parlament?
Vivimos en la sociedad de la información y como tal hay que saber depurarla. No obstante, a veces es difícil esta distinción. Sobre todo cuando no todos gozamos de los mismos recursos para ello. No recuerdo otro ejemplo más claro que la repercusión mediática del 11M. Por entonces sólo tuvimos que seguir los titulares de dos de los periódicos con mayor tirada de España: El Mundo y El País. Leyéndolos parecía que nos enfrentábamos a acontecimientos bien diferentes. No obstante, eran distintos prismas de una misma realidad. En el contraste está la información autónoma. Los indignados se enfrentan a ello. También los políticos. Entre tanto, es necesario recodar porqué cada uno está dónde está. La información es crucial pero igual de importante es saber transmitirla. Y es que, en medio está el ciudadano expectante que en esa disyuntiva entre el conformismo-el cambio, el ideal-la realidad, espera cierta coherencia con aquello que sus ojos ven.

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